miércoles, 16 de diciembre de 2015

Columna San Cadilla Reforma - 16 Diciembre 2015

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Para ponerse a temblar

Creo que los temores de Nacho Ambriz están bien fundados. De seguro varios ya pusieron en antecedentes al actual técnico del América sobre el nivel de los entripados del dueño del equipo, Emilio Azcárraga Jean.

Si no, que le pregunten a Duilio Davino y Óscar Rojas, dos hombres que habían sido inamovibles de la zaga azulcrema, pero cuyos contratos se extinguieron en menos de lo que canta un gallo cuando fallaron de manera garrafal en aquella Final de la Copa Sudamericana, donde sus errores le costaron el título a las Águilas ante el Arsenal (de Argentina).

O también el exabrupto que tuvo Mario Carrillo en el Apertura 2005, cuando los azulcremas fueron eliminados en el Estadio Azteca por los Tigres en Cuartos de Final recibiendo cuatro goles. Cuenta la leyenda que el hombre fuerte de Televisa bajó muy molesto, pero el "Capello" se volvió loco y no lo dejó pasar a regañar al equipo. Ya se imaginarán: don Mario no duró ni 10 minutos más en su puesto.

Todavía recuerdo cuando el "Flaco" Tena andaba dando bandazos con el equipo en 2007 y que le dan las gracias en plena carretera de La Marquesa, cuando venían de perder en Toluca. Por un lado, Guillermo Cañedo le había dado su respaldo en La "Bombonera", pero minutos después llegó el telefonazo, y adiós Luis Fernando.

Misma suerte corrió Michel Bauer, quien en la recta final de su mandato aceptó aquella campaña funesta del "Grande muy Grande", que en lugar de darle orgullo al América, fue una de sus más grandes penas. Y sí, ni siquiera lo dejaron que se despidiera del equipo, presentó su renuncia en Televisión, en un cuarto que parecía el baño.

Con semejantes antecedentes, no quiero pensar en lo que le espera a Nachito después del papelón que hizo el América en Japón.

La llave turca de Belluschi

Uno de los más grandes misterios en la gestión de Agustín Manzo como presidente deportivo de Cruz Azul ha sido la llegada del argentino Fernando Belluschi.

Y es que cuando desembarcó en tierras mexicanas, los Cementeros aseguraban felices de la vida que se habían traído un jugadorazo del Bursaspor de Turquía y que no les había costado nada, pues llegaba libre. Esto fue contradicho por el cuadro europeo, al grado de que demandó a los celestes ante la FIFA, que con toda su credibilidad le dio la razón a La Máquina.

Pero seis meses después, todo cambió.

El jugadorazo no fue tal, pero eso no es lo peor, resulta que Belluschi vino a préstamo por un semestre con opción a compra y ¿adivinen por qué no se quedó?

Nada vengativo, el Bursaspor le puso un precio estratosférico y pues los celestes se me fueron de espaldas. Como ya no quisieron meterse en otro pleito más con los turcos, no les quedó de otra que ayudar a Belluschi a empacar y darle la bendición para su regreso a Turquía.

Mail: san.cadilla@reforma.com
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