domingo, 31 de enero de 2016

Disfruta afición su romance

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México, Monterrey, domingo 31 de enero del 2016

A principio de esta década, la afición de Tigres se lamentaba mortificada: ¿cuándo se enseñarán a ganar?

Eran otros tiempos.

Anoche, tras el indudable triunfo de 3-1 sobre el León en la Jornada 4, un seguidor del equipo de los campeones del futbol mexicano hizo un cuestionamiento con un tono desafiante cuando buscaba la salida del Estadio Universitario.

"¿Quién los va a parar?", preguntó.

La incomparable "orquesta" sinfónica de la UANL, con un director francés en la cancha cautivó a 41 mil aficionados y arrulló a una fiera que llegó al Uni con la etiqueta de superlíder en el Torneo Clausura 2016.

Los tres goles de André-Pierre Gignac, para todos los gustos, fueron saboreados por una hinchada que vive un tórrido romance con el atacante francés.

"Tiene (Gignac) todas las condiciones como centro delantero", reconoció Juan Dosal, veterano comentarista de Televisa, "un olfato goleador como en su época lo tenían Cabinho y (José) Cardozo; es lo mejor que ha venido a México en los últimos años".

El crack de los felinos amargó anoche la despedida de Juan Antonio Pizzi como entrenador del León, que no gana en la cueva de los Tigres desde la temporada 82-83.

Sus anotaciones, conseguidas en el primer tiempo, desencadenaron júbilo en las tribunas, especialmente en las que se junta la barra de los Libres y Lokos.

"Porque Tigres es pasión, yo te aliento en el tablón sentimiento que nace del corazón Cuando llegue mi final, con la banda voy a estar, en el cielo haciendo un carnaval", cantaban, acompañados de media docena de bombos y unas 10 tarolas".

Es bueno aclarar que Tigres no es sólo Gignac. El francés hace los goles, pero es auxiliado por "héroes anónimos" como Pizarro, Sobis y Aquino.

Hasta el "Chino" Lucas Zelarayán y el "Queso" Fernando Fernández, quienes entraron en el segundo tiempo, provocaron gritos que suelen escucharse en plazas de toros para reconocer la faena de un matador.

"Olé, olé, olé". Un triunfo de orejas y rabo, pues.

Por: Marco Almaraz 
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