domingo, 7 de febrero de 2016

Columna San Cadilla Mural - 07 Febrero 2016

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El hijo del carbonero

La combinación del valor de la humildad con la nacionalidad argentina muchas veces se pone en duda, pero en muchos casos se da y entre ellos está el de Ángel di María (Rosario, Argentina, 14 de febrero de 1988).

Hoy luce su talento en grandes clubes europeos y la Selección de Argentina, pero pocos conocen lo que pasó el "Fideo" antes de probar las mieles del dinero y la fama.

Sufrió, como muchos, pero en lugar de ponerse a llorar y hacerse la víctima, le vio a todo el lado bueno y desde pequeño ayudó en su casa para que su familia saliera adelante.

Su padre, Miguel, estuvo a punto de jugar profesionalmente con el River Plate, pero una lesión antes de su debut lo alejó del deporte. Ángel llevaba el futbol en la sangre y, con base en sudor y esfuerzo, llegó hasta dónde está.

Pero antes de dedicarse de lleno a la pelota tuvo que ayudar a su padre en el negocio del carbón.

EL FUTBOL, SU MEDICINA

Mientras para algunos el futbol es un hobbie que pasa a convertirse en trabajo, con Di María fue distinto, pues desde los 4 años fue ingresado al deporte por instrucción médica, ya que era muy hiperactivo.

Así llegó a El Torito, el club más cercano al barrio de La Cerámica, donde vivió su niñez. De inmediato mostró su nivel y a sus seis años fue parte del equipo que logró el campeonato y marcó dos goles en la Final, incluido uno olímpico. Esto llamó la atención del Rosario Central, el equipo rival.

Tras anotar 64 goles en El Torito, Di María fue convencido por el entrenador Ángel Tulio Zof de que llevara su carrera en un equipo más profesional. El Central ofreció 26 balones por su pase, pago que nunca se dio.

"Fue por 26 pelotas, pero nada de eso quedó documentado, porque no hay registros de aquella época. Durante mi presidencia, intentamos hacerle un reclamo a Rosario Central, pero no había manera, porque no teníamos ningún papel", dijo al diario argentino La Nación Jorge Cornejo, quien fue presidente de El Torito.

MANOS SUCIAS

A pesar de que al principio era considerado hasta como tercer suplente, Ángel fue mejorando y pasó por la Novena, Octava y Séptima División, pero al llegar a la Sexta comenzó a entrenar con el equipo profesional del Central.

A estos entrenamientos no llegaba del todo limpio, pues antes ayudaba a su padre en el negocio familiar, metiendo el carbón en bolsas.

"Había días en que llegaba a las prácticas con las manos sucias de repartir carbón y leña. Hasta incluso venía con algún corte", platicó Marcelo Trivisonno, entrenador juvenil del "Fideo", también para La Nación.

"Era una persona de muy bajo perfil, tímido, casi no hablaba. Pero adentro de la cancha se transformaba. Era un jugador muy agresivo y con mucho gol para ser carrilero".

EL DEBUT

A los 17 años supo lo que es jugar en la Primera División, con el Rosario Central, justo bajo las órdenes del Tulio Zof, quien lo sacó de El Torito.

En el 2007 el "Fideo" se consolidó y no falló a la titularidad, lo que lo llevó al Benfica, de Portugal. Justo al firmar con el conjunto lusitano, uso su primer sueldo para construirle una casa a sus padres.

Tras el Benfica siguió el Real Madrid, el Manchester United y el Paris Saint Germain, su actual club.

Al ser jugador de las Primera División en Argentina, el "Fideo" como su padre nunca más trabajaron en la venta del carbón.

SU BARRIO EN LA PIEL

Pero aún jugando en Europa, el "Fideo", quien recibió ese apodo por su delgadez, nunca se olvidó de sus raíces y menos de su barrio en Rosario, pues lo lleva tatuado en su antebrazo izquierdo.

"Nacer en la Perdriel fue y será lo mejor que me pasó en la vida", reza el diseño, mismo que se también se hicieron sus mejores amigos de la colonia, Alex, Nico, Diego, Mauri, Jeremías y Bryan.

Mail: san.cadilla@mural.com
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