domingo, 3 de abril de 2016

Columna San Cadilla Mural - 03 Abril 2016

La vuelta al mundo

En tiempos del futbol como una industria, transferencias y salarios millonarios, una idea aparece en las charlas ociosas e interminables para arreglar el mundo: Ya no existe el amor por la camiseta.

Hablar de casos como los de Xavi, con el Barcelona; Casillas, con el Real Madrid; Gerrard, con el Liverpool; Maldini, con el Milán, resalta un ideal romántico, como si ellos no hubieran necesitado otra motivación en sus carreras que defender un solo escudo.

La estabilidad y la pertenencia se ven como ideales, porque el aficionado y el jugador viven el futbol con emoción, como si se tratara de un amor, que lo mismo hace gozar que sufrir. Lo dijo Eduardo Galeano: "En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de futbol".

Pero el aficionado de pronto olvida que, aunque la emoción sea el motor del deporte, el futbolista es, después de todo, un profesional. Exigirle al jugador que se quede en un equipo para toda la vida sería como negarle al fanático la posibilidad de crecer en su profesión en una mejor empresa.

Si en otro lugar las condiciones de empleo son mejores, el futbolista casi siempre decidirá cambiar de aires, se despedirá de los aficionados y encontrará un nuevo amor, que durará lo que tenga que durar.

BASQUETBOLISTA

A los 16 años, Washington Sebastián Abreu Gallo (17 de octubre de 1976, Minas Lavalleja) soñaba con ser deportista profesional, su deporte favorito era el basquetbol y era parte de la Selección de Uruguay que se preparaba para el Sudamericano Sub 17.

Con 1.93 de estatura, jugaba la posición de base, en la cual aprendió a desmarcarse y a generarse espacios para tirar. También jugaba al futbol, en menor medida, en el equipo Nacional de Minas y después en la Selección Juvenil de Lavalleja.

Antes del Sudamericano, Abreu, a quien apodaban el "Negro", por el origen africano de su padre, Miguel, llegó tarde a una concentración de la Selección, por pasar algunas horas de más en un bar, y fue dado de baja.

Para entonces, había sido llamado también a la Selección Sub 17 de futbol, que competiría en el Sudamericano de Colombia. Ya sin otros compromisos, acudió al llamado.

En Colombia jugó 45 minutos, en el último partido del grupo, frente a Bolivia, y marcó dos goles. Eso fue suficiente para que el Peñarol, el Nacional, el Danubio y el Defensor Sporting se pelearan por contratarlo.

El Defensor ganó la puja y se llevó al "Negro" a sus Fuerzas Básicas. Así, por accidente, comenzó una larga travesía que lo llevó a conocer el mundo.

NÚMERO DE LA SUERTE

Desde niño, Sebastián era seguidor del Nacional, donde jugaba su ídolo, Fabián O'Neill, quien usaba el número 13. Abreu se prometió que usaría ese número cuando llegara a la Primera División.

Debutó en 1994, pero del 13 al 17 no estaban disponibles en el Defensor para el torneo de Liga, por una cuestión de cábala. Un par de años después, su equipo llegó a la Copa Libertadores y el 13 entró en la numeración, así que Abreu de inmediato lo pidió y, con él, marcó seis goles.

Con su demostración como delantero de área, especie que hoy está en peligro de extinción, el "Negro" llamó la atención del San Lorenzo, de Argentina, que compró su pase.

Por su carácter alegre y su gusto por escuchar música con alto volumen en el vestidor, se ganó el apodo de "Loco".

Desde su llegada al Ciclón, pidió el número 13 y nunca más quiso soltarlo.

TROTAMUNDOS

Difícilmente un futbolista se imagina las veces que cambiará de camiseta, pero Abreu se negó a echar raíces y dejó que el espíritu aventurero lo guiara.

Después del San Lorenzo se fue a España, para jugar para el Deportivo La Coruña, y luego a Brasil, con el Gremio.

Fue entonces cuando los Tecos de la UAG lo trajeron a México. Ahí consiguió el campeonato de goleo, en el Verano 2000, y partió de regreso a Argentina, tras un año, para volver al San Lorenzo.

Después cumplió su sueño de la niñez cuando su adorado Nacional, cuyo nombre tiene tatuado en el brazo izquierdo, junto con un rostro de su cantante favorito, Bob Marley, lo llevó a sus filas. Pero si la afición pensaba que el "Loco" se quedaría con ese amor, estaba equivocada.

Como un romance de verano, Abreu defendió al Nacional en tres ocasiones distintas y logró dos títulos de Liga, pero siempre terminó por marcharse, la última vez en 2015, para quizá nunca más volver.

Después regresó a México, donde jugó para el Cruz Azul, el América, los Dorados, el Monterrey, el San Luis y los Tigres.

También militó en el River Plate, de Argentina; el Beitar Jerusalén, de Israel; la Real Sociedad, de España; el Aris Salónica, de Grecia; el Botafogo y el Figuerense, de Brasil; el Rosario Central, de Argentina; el Aucas, de Ecuador, y el Sol de América, de Paraguay, donde juega actualmente.

"Quiero jugar hasta los 40 años", declaró Abreu cuando jugaba para los Tigres, en 2007, y acababa de cumplir 31 años. "Eso sí, terminaría mi carrera en Uruguay, con mi gente".

PICADITO

Con la Selección, el "Loco" jugó 70 partidos y marcó 26 goles. Participó en los Mundiales Corea-Japón 2002 y Sudáfrica 2010; en este último ganó el partido por el tercer lugar.

Se convirtió en celebridad por el penalti que le marcó a Ghana, en Cuartos de Final, en la tanda de desempate, tras un dramático 1-1 en tiempo extra.

Abreu tomó el balón y lo picó, apenas lo levantó un metro y medio del pasto y entró lentamente a la portería. Así, Uruguay avanzó a las Semifinales del Mundial por primera vez en 40 años. "¡La picó, el 'Loco' la picó!", cantó la afición celeste en el Soccer City, de Johannesburgo.

Según Abreu, ha cobrado unos 25 penaltis a la Panenka, de los cuales sólo dos porteros contuvieron los disparos: Diego Cavalieri, del Fluminense, y Hernán Cristante, del Toluca, en 2004.

"Cuando Cristante me lo atajó, me mataron, la prensa y la gente del club (Tecos). Una semana después metí un gol de cabeza y ganamos 1-0, nos salvamos del descenso y me ofrecieron renovar, pero no me como la hipocresía del futbol. No puedo ser un hijo de puta una semana y a la siguiente un fenómeno, así que me fui", declaró años después.

VERDADERO AMOR

En 22 años de carrera, Abreu ha conocido decenas de países y defendido camisetas al por mayor, también ha hecho a sus mejores amigos, entre los que están Luis Suárez, Rubén "Polillita" da Silva (con quien jugó en los Tecos) y Álvaro "Tata" González.

Otros de sus ídolos son Michael Jordan y Magic Johnson, de su época de basquetbolista.

Sebastián siempre estuvo enamorado de una sola camiseta y siempre la llevó debajo de cualquiera que defendiera como profesional.

"Me la regaló mi padre y comencé a usarla para honrar mis orígenes y le fui incorporando fotos. Siempre me dio una fuerza interior. En Brasil hacía calor de 40 grados y bajaba cuatro kilos por partido, pero me la ponía igual", relató.

Se trata de la camiseta de la Selección de Lavalleja, la misma que usó su padre el día de su último partido como futbolista semiprofesional.

Eso es amor a la camiseta.

Mail: san.cadilla@mural.com