lunes, 4 de abril de 2016

Columna San Cadilla Reforma - 04 Abril 2016

Alivian broncas

Todo parece indicar que las aguas ya se calmaron en Chiapas, bueno, al menos por las próximas dos semanas. Al presidente del equipo, Carlos Hugo López Chargoy, le cayó un dinero y se dedicó a saldar adeudos.

Dicen que ya le pagó a los jugadores y al personal administrativo los meses de enero y febrero, y que hay la promesa de que en esta semana les van a depositar lo de marzo.

A ver si no queda todo en promesa porque no es primera vez que el directivo sale a dar algún tipo de paliativo al problema, sobre todo pensando que el América los iba a visitar, por lo que no quiso que nadie se le pusiera en huelga y le echara a perder el entrandón que se dio en el Víctor Manuel Reyna.

El que ya alista maletas es Ricardo La Volpe, quien ya se cansó de hacerla de abogado laboral, y en cuanto finalice el torneo, adiós, porque con este tipo de broncas es muy difícil que el jugador se concentre con el trabajo de la semana.

Me pregunto por qué el señor Chargoy se aferra en tener al equipo si no le reditúa más que problemas, ofertas hay y que no lo niegue. Ojalá que la Liga MX ya meta mano.

Inclinación blanca

Como buenos aficionados al futbol, los integrantes de Pumas y Dorados no perdieron la oportunidad de ver el Barcelona-Real Madrid donde les tocara.

Así, el sábado, pasadito el mediodía, ambos equipos coincidieron en un restaurante en el aeropuerto capitalino, los felinos porque viajaban a Guadalajara para su duelo de ayer ante Chivas y los sinaloenses porque regresaban de su compromiso ante Veracruz del viernes.

Al acomodarse en sus mesas, el juego entre culés y blancos estaba en su recta final y sí alcanzaron a ver cómo el Madrid fabricó la remontada, lo que complació a la mayoría.

Cuando Karim Benzema puso el tanto del empate la locura se apoderó de la mayoría de los futbolistas y no se diga cuando Cristiano Ronaldo hizo el del triunfo, deleite para todos esos Pumas y Dorados madridistas.

Anfitrión a medias

Ya son más de 10 años desde que Rubén Omar Romano pasó por Cruz Azul y los trabajadores celestes aún recuerda los buenos ratos que les hizo pasar el técnico.

El sábado, el argentino se dio una vuelta al Estadio Azul con unos amigos para ver el juego ante Pachuca. Como cualquier aficionado, Romano se sentó en las gradas del inmueble, pero al reconocerlo, el personal lo movió a un palco, donde el grupo estuvo más cómodo.

Lo malo es que Rubén no se quedó hasta el final, seguramente porque el espectáculo se quedó corto con las expectativas y hasta se echó algún bostezo. Total que se salió cinco minutos antes de que terminara el partido. La verdad, yo también lo hubiera hecho.

Mail: san.cadilla@reforma.com