martes, 3 de mayo de 2016

Columna San Cadilla Reforma - 03 Mayo 2016

Perruna costumbre

Para todos los que vieron el juego entre Pumas y Deportivo Táchira de la semana pasada y se les hizo chistoso y curioso el que un perro se haya metido a la cancha les voy a romper el corazón en este preciso instante...

Lo que bien se pudo calificar como un episodio espontáneo dista de serlo, pues ya es toooda una tradición en el Estadio Polideportivo de Pueblo Nuevo.

Cuentan las lenguas locales en San Cristóbal, Venezuela, que el simpático can que vimos saltar por todo el campo de Pumas vive en el inmueble y de a tiro por viaje se está "metiendo" a los partidos de la Liga local.

La cosa es que cuando se pregunta quién es el dueño de la mascota, los actores se echan la bolita unos a otros, pues los empleados dicen que es de los elementos de seguridad y viceversa.

Lo que es cierto es que, si ven bien el video, el perro tiene collar, por lo que así que digamos que de la calle de la calle, no es, y en una de esas algún vivo tuvo la genial idea de echarlo al campo al inicio del juego para desconcertar a los jugadores visitantes, muy al estilo del "Cholo" Simeone.

Arrasan con todo

Y pues ya entrados en asuntos auriazules, ahora les platico que me contaron que aunque Pumas no sacó nada de la cancha de Táchira, sí arrasó fuera de ella en su viaje por Venezuela.

Me pasaron el dato de que en el hotel donde se hospedaron los felinos, los demás huéspedes tuvieron algunas incomodidades, pero no porque alguno de los jugadores auriazules hiciera ruido o porque armaran alguna parranda tan típica de los jugadores mexicanos como las que han hecho célebres a varias versiones del Tricolor... no, no, no; no me refiero a eso, sino a que hubo severos problemas de abastecimiento.

Sucede que los jugadores de Pumas eran de los primeros en entrar al restaurante para la hora de la comida o la cena, y después ya llegaban los demás comensales, turistas y diferentes tipos de huéspedes que prácticamente ya no encontraban alimentos, recibiendo como explicación de la gente del hotel el pretexto de que la comida se la acababan los del club universitario.

Así que la situación se volvió un tanto complicada para el resto de los mortales que nada tenían que ver con la Copa Libertadores, al grado de que, según me chismearon, varios tuvieron que buscar otras opciones fuera del hotel para tener una cena decente, aunque para ser sinceros también me comentaron que en muchos restaurantes venezolanos pasa lo mismo porque el desabasto ya es un problema de consideración en el país sudamericano, más allá de que los de Pumas sean unos tragones...

Mail: san.cadilla@reforma.com