lunes, 13 de junio de 2016

Columna San Cadilla Reforma - 13 Junio 2016

Era puro bluf

A final de cuentas todo fue una especie de ardid lo que se vivió en Chiapas con el amague de que Jaguares iba a dejar la entidad para irse a San Luis, negociación que no se concretó porque nunca hubo una intención real de vender de parte del dueño del equipo, Carlos Hugo López Chargoy.

Me indican que lo que pasó fue que el Gobierno de Chiapas no andaba muy contento por los resultados deportivos y que a su vez el dueño de Jaguares quería mayor apoyo económico para no pasar las de Caín con la falta de flujo, razón por la que dejó de pagar a los jugadores y personal algunas quincenas.

Al ver que el gobierno ya coqueteaba más con el proyecto del Tapachula, sobre todo cuando hubo posibilidades de ascender al estar en la Liguilla, la fórmula para presionar fue decir que el equipo se iba y que había el interés de empresarios potosinos, que en verdad crearon a un grupo de gente adinerada por allá para hacer una oferta, la cual López Chargoy nunca iba a aceptar porque lo que quería era la respuesta primero del gober.

Apalabrado Silvio Romero con América, del que sabemos un porcentaje estaba en manos de alguien de muy, pero muy arriba en la oficina gubernamental de Chiapas, pues regresó el ánimo, el dinero y el apoyo para Jaguares, y entonces se pusieron oídos sordos a la propuesta de San Luis.

Así como hacen los promotores para inflar a un jugador al decir que lo quiere todo mundo, ahora sirvió para amarrar el apoyo y que Jaguares se mantenga al menos otro año en Chiapas.

Negocio redondo

Ismael Sosa aterrizó en Tigres. Por mucho que el delantero lo negó, por mucho que la directiva de Pumas trató de que no se supiera que la transferencia se cocinaba desde hace varios días, finalmente se dio porque el miércoles sólo se dedicaron a convencer al jugador para que aceptara, comprendiera y firmara porque era lo mejor para ambas partes.

Pumas necesitaba llenar su arcas, hacer un guardado y poner a salvo sus finanzas para no trabajar con números rojos y poder pagar la nómina.

Me dicen que la transacción rondó los 5.8 millones de dólares, un negocio redondo si pensamos que Sosa costó 2 millones al cuadro auriazul.

Por fin volvieron a su esencia, a ser un cuadro vendedor más que comprador, lo triste es que vayan a gastar una parte de este dinero en ir a buscar al extranjeros tres refuerzos de medio pelo y a echar la moneda en el aire para que salga un garbanzo de a libra al cual sacarle jugo y seguir con las finanzas sanas.

Sería mejor que no se olvidaran de la cantera porque un jugador mexicano, con talento y presencia también es bien pagado, dentro y fuera de México.

Mail: san.cadilla@reforma.com