jueves, enero 19, 2017

Nuevos códigos



Por: Mario Castillejos (19-enero-2017)

Un adolescente de 15 años, una pistola, un salón de clases, muertos, heridos, cosas que hasta ayer afirmábamos sólo pasaban al norte del Río Bravo, territorio donde su presidente electo refleja mucho de lo que ellos son, sucedieron aquí.

Pero hagamos un alto en el camino y por unos minutos dejemos de juzgar o sentenciar, porque este lamentable acontecimiento forzosamente nos debe invitar a reflexionar sobre el mundo donde ahora viven nuestros niños y jóvenes, donde si no tienes electrónicos "likes", seguidores en Twitter o un grupo de WhatsApp pareciera que no existimos o simplemente no le interesamos a nadie. Y donde esas consolas repletas de juegos bélicos, muertes virtuales y vidas extras alivian las frustraciones de nuestros jóvenes.

La diferencia entre mi época y la generación del milenio es que mientras ellos nacieron atados al internet, nosotros paulatinamente los aceptamos sin percatarnos -tal vez- de que en YouTube uno puede aprender desde como construir un avión de papel hasta como fabricar una bomba de destrucción masiva.

Tan pronto me enteré de los hechos, pensé en donde se encontraban mis hijas. Y creo que esta fue la reacción de todos: ¿los míos estarán a salvo?

¿En qué momento las actividades de mi niñez y juventud pasaron de moda? ¿En qué momento salir a patear una pelota a la calle dejó de ser diversión?

No lo puedo ocultar, mis sentimientos me transportan a esas tardes donde en la calle jugábamos futbol y los códigos eran los mismos en cualquier barrio: el gordito siempre era el portero.

El final del partido tenía como preámbulo el grito de "¡último gol gana!" sin importar cómo iba el marcador. No había árbitro. No había fuera de lugar. Si el dueño de la pelota se enojaba, nos jodíamos todos porque se acababa el juego.

Los dos mejores no podían jugar juntos, ellos eran los que escogían. El que volaba el balón iba por él. Cuando el gol era polémico, todo se resolvía en "gol o penal". Siempre había un vecino que no te dejaba pasar a su patio a recoger la pelota.

Y así transcurrió la niñez de muchos, sin "likes", sin exagerado consumismo, sin marcas inspiracionales, sin reconocimiento de extraños. No éramos perfectos, porque también tirábamos carrilla ("bullying"), lo tengo que reconocer. Pero no pasaba de unos moquetes limpios donde en el suelo ya no valía pegar, dejando ahí las diferencias.

¿Y ahora dónde quedó todo eso que nos dio un simple balón?

Hoy, cuando lleguen a sus casas, salgan a pelotear. Por ahí su hijo abandona el celular o la consola por voluntad propia y se une a compartir el momento. Si sucede, platíquele de éstos códigos de calle que nos hicieron felices. Intentémoslo, la modernidad no lo es todo.

PD. Hay un tiempo para dejar que sucedan las cosas. Y un tiempo para hacer que las cosas sucedan.

Lo escrito, escrito está.
Anuncios