lunes, 15 de mayo de 2017

Mentes sobrecalentadas



Por: Mario Castillejos (15-05-2017)

"Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión"

Nelson Mandela.



Los Tigres se encuentran a dos partidos de jugar su tercera Final en los últimos cinco meses y su octava en los últimos 12 torneos disputados.

A lo largo de estos cuatro años, la suma de los elogios en esta columna evidentemente contrastan con los que he publicado del Monterrey. Los Rayados sólo han quedado dentro de los ocho primeros de la general en cuatro de los últimos 10 torneos y sólo han contabilizado 26 puntos o más tres veces. Dentro de estos datos se encuentra el ultimo año de la era Vucetich (dos torneos de 23 puntos).

La sólo publicación de esta información que está al alcance de todos, ha provocado que muchos aficionados Rayados, incluso gente del mismo Club, me señale (me río, pero lo tengo que mencionar), como un periodista con simpatía e intereses al club de Sinergia.

"Cómo es posible que tú, siendo hijo de Mario Castillejos Madariaga, apoyes al equipo de enfrente", "Tuca te pasa lana o el Inge Rodríguez", "tú no puedes ser seguidor Rayado" etc.

Entiendo, más se me hace de lo más estúpido que, dentro de los supuestos códigos de un fanático, está prohibido reconocer algo bueno de los rivales. En fin.

Lo voy a decir mientras el mismo futbol no me diga lo contrario: si todos los equipos de la Liga MX juegan bien, los Tigres son los que mejor juegan. Y dentro de todos los entrenadores hoy en activo, Ferretti para mí es el mejor. ¿Esto me hace anti Rayado? Créanme que para muchos, sí.

En medio de esta realidad que vivo a diario, los actos de violencia que se suscitaron el sábado en el BBVA , muchos de ellos cobardes e injustificables, son producto de una enfermedad llamada fanatismo.

Decía Voltaire que cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable. Partamos de esa realidad y tratemos la violencia en el futbol (mundial) como enfermedad posiblemente incurable. Entonces, ¿tratamos con enfermos? Sí.

El fenómeno es muy interesante. De hecho, si analizamos el propósito de llevar una serenata a un equipo que admiro, tengo que deducir que los aficionados cantantes pretenden demostrar su amor para que sus jugadores se comprometan en reciprocidad en la cancha.

Y como te canté, te amo y te apoyo, tú, jugador, tienes que darme la victoria a cambio, sin importar que estos ganan millones de dólares para ese efecto. ¿Qué tipo de conducta es esta?

Del amor al odio, hay un pequeño paso. Cuidado cuando a estos fanáticos los haces sentir parte de la victoria. Peligroso, muy peligroso. El resto de la historia, está documentada en acciones equivalentes a la película "El planeta de los Simios", con golpes de masas encolerizadas. ¿No cree usted?

PD. "Fanatismo: un gen del mal, por llamarlo de alguna manera" Amos Oz.

Lo escrito, escrito esta.
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